domingo, 23 de agosto de 2026

Los teotihuacanos en Cholula

 103.- Los teotihuacanos en Cholula


Los teotihuacanos llegaron al valle de Cholula entre el año 0 y el 200 de la era cristiana, trayendo consigo una visión monumental del espacio sagrado. Con templos orientados principalmente hacia el oeste y hacia el sur, unidos por amplias calzadas, planearon lo que sería la Ciudad Sagrada de Cholula. En aquellos años se levantó con adobes el primer basamento de la gran pirámide: ciento veinte metros de frente, una superficie de catorce mil cuatrocientos metros cuadrados y diecisiete metros de altura. Sobre cinco cuerpos escalonados de dos metros y medio cada uno se edificó un templo de diecinueve metros de lado, limitado por muros gruesos de poca altura y caras en talud.

Más tarde se modificaron los lados norte y oriente. Se agregaron plataformas y tableros decorados con frescos de estilo teotihuacano. Los colores dominantes eran el rojo y el amarillo sobre fondo negro. En ellos aparecían insectos con cuerpos de chapulín y cabezas de Mictlantecuhtli, el señor de la muerte. En uno de los lados se pintó el mural conocido como “Los bebedores de pulque”, escena que aún hoy parece respirar el aroma de la fiesta antigua y el misterio de las ofrendas.

El asentamiento de nuevos pobladores procedentes de Teotihuacán y las estrechas relaciones con los zapotecos de Monte Albán provocaron en Cholula la reutilización y transformación de las construcciones anteriores. Sobre la edificación primitiva se levantó una nueva pirámide con pequeñas lajas calizas. Ahora ocupaba treinta y dos mil cuatrocientos metros cuadrados y alcanzaba treinta y cinco metros de altura. 

El estilo arquitectónico se basó en escalinatas que se extendían a lo largo de las rampas. Nueve cuerpos de talud, separados por pasillos de dos metros de ancho. Cada cuerpo tenía, en promedio, doce escalones. Canales de desagüe simétricos —cinco en el frente y cuatro en los lados norte y sur— bajaban desde la cima hasta la base, cortando las escalinatas con precisión geométrica.

Posteriores superposiciones cubrieron los cuerpos sin alcanzar toda la altura prevista. Solo se ampliaron las plataformas hasta lograr trescientos cincuenta metros de lado y cincuenta y cuatro metros de altura. Se crearon cuatro grandes patios, uno en cada costado de la pirámide. En cada esquina se colocó un templete destinado a las habitaciones sacerdotales.

Así, bajo el sol del altiplano, los teotihuacanos transformaron Cholula en un centro ceremonial de proporciones imponentes. La pirámide creció capa tras capa, como un organismo vivo que absorbía el tiempo y la fe de quienes la edificaban. Entre los frescos de insectos sagrados y los bebedores de pulque, entre las calzadas y los patios abiertos, quedó grabada una visión del mundo donde la arquitectura era también una forma de diálogo con los dioses y con la tierra misma que la sostenía. Aún hoy, la mole de adobe y piedra guarda el recuerdo de aquella ciudad sagrada que miraba al occidente y al sur.

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